Aunque Piaget hablara de autonomía y autogobierno y uno quisiera verse libre ante el espejo, no consigo esquivar las influencias sobre mí. Son ellos que me transmiten sus miedos, su recelo, su cobardía. Eres tú que una vez me alabaste, y desde entonces quiero gustarte. Se encuentra una a merced de vientos - a veces tempestades- que confunden el ánimo y paralizan la decisión, exigiendo para aplacarse días de apartarse del resto de la humanidad.
Recuerdo aquella noche en que tuvimos nuestra regla de ORO, la máxima que gobierna nuestra vida, "a la mierda" dijimos... eco de palabras que al recordar se me presentan con otra voz, como si de quien las declamó, sólo quedara una sombra que habita en algún punto de mí.